5 de Marzo de 2009
Siguiendo la ruta que nos llevó de Tánger o Tetuán, nuestra siguiente parada no podía ser otra que la pequeña ciudad de Chefchaouen, o Chaouen, como es conocida por los marroquíes. Enclavada en el Rif, Chaouen es comúnmente conocida por ser el centro de la producción de cannabis marroquí, y, de hecho, su producción y consumo está bastante extendido entre sus calles. Sin embargo, que eso no nos lleve a engaño: Chaouen no es un caos de violencia ni una ciudad especialmente peligrosa. Antes bien lo contrario: pocos lugares encontraremos en Marruecos tan seguros y tranquilos como éste.
Al igual que Tetuán, Chaouen alcanzó cierta importancia cuando se asentaron en ella los refugiados musulmanes y judíos que fueron expulsados de la Península Ibérica tras la conquista castellana. Pero al contrario que Tetuán, Chauen no permaneció abierta al mundo ni recibió influencias posterior que la cambiaran. En realidad, se encerró tanto en sí misma y se opuso con tanta fuerza a toda influencia occidental que casi no ha cambiado en los últimos siglos, al menos en lo que se refiere a su fisonomía urbana y su aspecto arquitectónico. La costumbre judía de pintar la parte inferior de las casas de color azul, por ejemplo, sigue intacta, y es sin duda uno de los rasgos más directamente reconocibles y genuinos de la actual Chaouen.
Por otra parte, esta secular cerrazón de sus habitantes hace que aún hoy, en plena ebullición turística, sea una de las ciudades más auténticamente marroquíes de las que podamos visitar, y que los rasgos de occidentalización sean difíciles de encontrar, a pesar de su cercanía física al Estrecho de Gibraltar.
La presencia de las montañas supone para Chaouen un constante abastecimiento de agua, que no deja de fluir por unas calles extremadamente limpias. Es difícil encontrar aquí algún rastro de suciedad, lo que puede sorprender a los viajeros menos avisados. En la plaza principal de la ciudad, Outa el-Hammam, una fuente esplendorosa nos recordará la importancia del agua para sus habitantes.
El mercado de Al Makhzen es una curiosa mezcla entre el tradicional mercado norteafricano y el más moderno y adaptado a los gustos del turista. Chaouen se ha convertido en los últimos tiempos en unos de los destinos turísticos más solicitados del norte de Marruecos, y la influencia de esta actividad ha de dejarse notar. Otro testigo de lo mismo son los más de cien hoteles distribuidos por una ciudad que no pasa de 35.000 habitantes. En contrapartida, los restaurantes escasean, y la vida nocturna se reduce al interior de los hoteles. Eso sí, nada que temer a un paseo nocturno por cualquiera de sus calles; como decimos, Chaouen es una ciudad más que secura donde los incidentes son mínimos.

Una parada que resultará sin duda acogedora y placentera en nuestro viaje. Una mezcla de muchas cosas. Tradición y modernidad. Naturaleza y vida urbana. Grandes paisajes y una arquitectura genuina y preciosa. Todo ello a la vez. Eso es Chefchaouen: una parada imprescindible en nuestro rumbo hacia el sur.
Fotografías por rhurtubia
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4 de Marzo de 2009
Tetuán, al igual que Tánger, ha sido testigo de la convulsa historia del Mediterráneo. Por el lugar donde ahora se asienta pasaron fenicios y romanos, que sin embargo no dejaron una huella demasiado importante. La ciudad alcanzó protagonismo por primera vez durante el siglo XIV, como base de una serie de ataques a Ceuta que acabaron con una expedición de castigo por parte de Castilla un siglo después. Fue a final del siglo XVI cuando Tetuán iba formar su actual Medina, Patrimonio Mundial de la UNESCO. En este espacio se asentaron refugiados huidos de Al-Andalus tras la conquista castellana, que embellecieron la ciudad hasta límites que nunca había conocido, trayendo consigo buena parte del arte andalusí y creando con ella la más “andaluza” de todas las ciudades marroquíes.

De hecho, cuando la ciudad se propuso para la entrada en el Patrimonio Mundial de la UNESCO, fue la autenticidad de su Medina lo que constituyó el rasgo mejor valorado. Al contrario que otras ciudades de su entorno, como Tánger, Larache o Chefchaouen, la Medina de Tetuán no ha sufrido alteraciones importantes desde hace varios siglos, y ha quedado como el ejemplo paradigmático del tipo de Medina medianamente “andalusí” propia del norte de Marruecos.
La parada en Tetuán no ha de ser tan larga como la de Tánger. Para el viajero más o menos apresurado bastará dar un paseo por el interior de la Medida y luego parar a tomar un té en la Plaza de España. Por supuesto, la ciudad puede ofrecer mucho más, pero en general su vida cultural -y su propio tamaño- no es tan amplia como la de Tánger. Será pues un paso intermedio en nuestro viaje, que pronto nos encaminará al Rif y la encantadora ciudad de Chefchaouen.
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Tags: Arte Islámico, Ciudades, Cultura, Marruecos
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3 de Marzo de 2009
La ciudad de Tánger, con sus vívidos colores, sus contrastes, su naturaleza multicultural y su arquitectura decadente a la par que orgullosa, atrajo a los pintores Delacroix y Matisse, al escritor Tennesse Williams y a los Rolling Stones. En la actualidad sigue despertando el interés de los artistas. Cuando el director de cine Paul Greengass quiso buscar un escenario ligeramente exótico y diferente, pero suficientemente reconocible y moderno para rodar una de las más emocionantes escenas de acción de la película El ultimátum de Bourne, eligió Tánger. ¿Qué tiene, pues, esta ciudad norteafricana que atrae a visitantes tan diversos en épocas tan diferentes?
Una historia agitada
Tal vez, el aparente caos social y urbano de Tánger le venga dado por su agitada historia. Desde hace milenios Tánger ha cambiado de manos conforme los imperios mediterráneos crecían y morían. Octaviano ya le otorgó el derecho de ciudadanía a los habitantes de la antigua Tingis, que pasó a ser parte integrante del Imperio, y luego Claudio le atribuyó el estátus de ius coloniae y la hizo capital de la Mauritania Occidental. Los árabes la conquistaron en 682, y durante unos 80 años, a finales del primer milenio de nuestra era, perteneció al Califato de Córdoba. Luego pasó a manos portuguesas, en 1471, e inglesas, en 1662. La recuperó el jerife marroquí Mulay Ismail en 1684, pero en el siglo XIX Tánger volvería a ser codiciada por las grandes potencias. Francia se hizo con ella en 1884, y en 1912 pasó a manos de un régimen internacional. En 1940 fue España la que asumió el control, pero en 1945 se volvió a establecer un régimen internacional dominado esta vez por los Estados Unidos. En 1956 la recuperó Marruecos, y poco después quedó establecido en su puerto una zona franca.

Tánger está situada, de hecho, en una situación geoestratégica privilegiada. Al igual que Gibraltar, Tánger domina el Estrecho desde la otra orilla, y eso la ha hecho desde siempre una pieza especialmente valiosa para todos los imperios que han tenido intereses en la zona. La ciudad descansa además sobre la ladera de una colina calcárea a apenas una decena de kilómetros del Océano, lo que privilegia aun más, si cabe, el control de la misma.
Una ciudad multicultural
Con esa historia tras de sí, es normal que Tánger presente hoy día un aspecto genuino. La ciudad está dividida entre un núcleo antiguo, dominado por la qasba, y otro moderno, con villas, jardines y un extenso barrio europeo. La superposición de culturas puede verse no sólo en su arquitectura, sino en sus locales y zonas de recreo. Del “Café París” se puede pasar al “Teatro Cervantes”, de ahí a la iglesia de “Saint Andrew” y a la “Old American Legation Foundation”, para luego pasear por el “Grand” y el “Petit Socco”, de aspectos genuinamente musulmanes.
A la par musulmana y occidental, Tánger es un sin duda un lugar para el disfrute. Ciudad de más de 700.000 habitantes, moderna y dinámica, geográficamente demasiado cercana a Europa como para ignorar su influencia, y lugar de paso de todo imperio que haya dominado el mundo en los dos últimos milenios, Tánger tiene tantas cosas que ofrecer al viajero que sería imposible enumerarlas aquí. Aconsejamos pasar allí tanto tiempo como sea posible, pero si el calendario es apretado y se quiere ver todo el país, lo mejor es echarse a la calle y pasear por sus calles, por su preciosa medina, pasar de un barrio a otro y, cuando el cansancio aparezca, dejarse caer por sus numerosos bares y cafés, y por la noche por sus pubs y locales de ocio. Ya sea una visita rápida o una estancia más sosegada, Tánger no se cansará de ofrecer experiencias y placeres.

Tangier, por Henry Matisse
En Flickr hay un grupo bastante activo con fotografías sobre Tánger. La ciudad bien merece una cámara con una batería bien cargada. Si eres aficionado, no te cansarás de abrir el objetivo.
Fotografías gracias a karynsig
Tags: Arte Islámico, Ciudades, Marruecos
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2 de Marzo de 2009
En Viajarea vamos a dedicar este mes de marzo, al completo, a visitar un país encantador para el turismo: Marruecos. No lo hemos escogido a la ligera. Marruecos cuenta con destinos espectaculares, ciudades que son un placer para los sentidos y que seguro que todos conocéis, como Marrakech, Fez, Rabat o Casablanca. Pero cuenta también con paisajes fantásticos y evocadores que suponen un punto y aparte en lo que estamos acostumbrados. Pasaremos por el Rif y las cumbres del gran Atlas, y nos acercaremos al desierto, el enorme Sáhara.
En realidad, hemos planteado una ruta muy completa que podría tenernos un mes completo viajando de verdad por este país africano. Pensamos que es mejor así. Naturalmente, cada viajero tendrá sus propias exigencias y estará constreñido a un calendario diferente, pero la ruta que hemos escogido puede servir de base a cualquiera para planear su visita. Nosotros lo hemos hecho pensando en una visita desde España, con partida y llegada en la ciudad de Tánger (que se puede cambiar, sin problemas, por Ceuta como puerto de partida). Naturalmente, ciudades como Marrakech y Casablanca disponen de aeropuertos internacionales con conexiones con los principales países del mundo. Si el viajero viene de otro lugar le convendrá más seguir otra ruta, pero como decimos, la nuestra es fácilmente adaptable con tan sólo variar el punto de partida.
Aquí os dejamos un mapa en Google Maps para que sirva de orientación. Lo iremos completando, con imágenes y enlaces a nuestros posts, conforme vayamos avanzando en nuestro viaje.
Verlo a pantalla completa
Como veis, empezaremos desde el norte y visitaremos Tánger, Tetuán, Chefchauen, Taza, Fez y Meknès (con sus cercanas ruinas de Volubilis y la ciudad santa de Moulay Idriss) antes de cruzar por primera vez el Atlas, rumbo al desierto. Partiendo de Risanni visitaremos las dunas y luego bordearamos la frontera sur con Argelia y pararemos en Zagora y Ouarzazate, en el Ksar de Ait-Ben-Haddou y en el techo del país, el Jebel Toubkal, en pleno Atlas. Luego pondremos rumbo suroeste para acercarnos Taroudannt, Tafroute y Agadir, e iniciaremos un larga subida pasando primero por dos ciudades «Patrimonio Mundial», Essaouira y Marrakech. Para terminar, una por una, visitaremos Jadida, Casablanca, Rabat, Larache y Asilah antes de llegar de nuevo en la hermosa Tánger.
Será una bonita aventura. ¿Quieres acompañarnos?
Tags: Marruecos
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Más de una vez hemos anunciando cambios y novedades, aunque no siempre hayamos podido llevarlas a cabo. Recientemente hemos hecho algunos cambios en Viajarea. Especialmente, la incorporación de nuevos integrantes al equipo promete ser el acicate necesario para que este proyecto consiga por fin cierta continuidad.
Esperamos que nuestro trabajo pronto se concrete. Próximamente anunciaremos más novedades, pero de momento podemos decir que estamos trabajando en un ambicioso cambio de diseño que vendrá acompañado de una mejor y más racional categorización de nuestros contenidos y una fuerte ampliación de éstos.
24 de Enero de 2009
Baeza es una mediana ciudad, de unos 20.000 habitantes, que corona una loma homónima en el centro de la provincia de Jaén. Fue uno de los emplazamientos más dinámicos y magníficos de la última época de pervivencia de Al-Andalus, hasta el punto que uno de los barrios más conocidos de Granada, el Albaicín, le debe su nombre a los musulmanes que huyeron de la ciudad jiennense cuando ésta fue conquistada y se instalaron en la zona más noble de la capital granadina.

Sin embargo, el mayor esplendor urbanístico de Baeza fue posterior a la conquista cristiana. Durante el Renacimiento la ciudad experimentó un desarrollo portentoso que unió su destino al de la vecina ciudad de Úbeda, creando un vínculo entre ambas gracias a la similar arquitectura desarrollado por Diego de Vandelvira. No por casualidad ambas ciudades son hoy, por iguales méritos, Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Una visita a Baeza no debería dejar de prestar atención a la Catedral, emplazada en lo alto de la Plaza de Santa María, una de las más hermosas de toda Andalucía; al Palacio de Jabalquinto, muy próximo al templo catedralicio, al conocido «Paseo», centro neurálgico de la ciudad y lugar principal de la vida social; y al incontable número en forma de iglesias románicas, góticas y -sobre todo- renacentistas que la ciudad esconde en todos sus rincones.
Si es cierto que Jaén esconde un paraíso interior, Baeza y Úbeda son sus merecidas capitales arquitectónicas y culturales.
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Fotografía por Guervos
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23 de Enero de 2009
La ciudad de Urbino, co-capital -junto a la vecina Pesaro- de la Provincia de Pesaro e Urbino, corona una colina en las estribaciones orientales de los Apeninos. La geografía escarpada y variante, así como sus monumentales construcciones, entre las que destaca el colosal Palazzo Ducale (Palacio Ducal) le dan un aspecto de cuento de hadas, un estampa que resulta difícil encontrar ya.

Completamente renacentista, la ciudad mantiene su disposición urbana intacta desde hace siglos; tan sólo un amplio aparcamiento en su entrada inferior (el Borgo Mercatale) actúa de apeadero para turistas e improvisada estación de autobuses.
Urbino cuenta con una conexión por bus hacia Pesaro bastante frecuente, cuya duración varía entre 40 minutos (la «Corsa Rapida») y 1:15 (la «Corsa Lenta»). Otro autobús la conecta con Roma un par de veces al día. Y existen comunicaciones, también por bus, con la mayoría de los destinos interiores de Le Marche.
En una visita no puede dejarse de ver el Palacio Ducal, no sólo por su arquitectura sino por la pinacoteca que alberga en su interior, el Duomo neoclásico reconstruido en el XIX, el Museo della Città y la Casa Rafaello, donde nació el genial pintor del Renacimiento italiano.
El centro de la ciudad y los alrededores de la Piazza della Republica están repletos tanto de pizzerías y restaurantes de comida rápida (muy recomendables las «piadinas»), como de otros de más calidad y mayor precio.
Por la noche, se puede visitar alguno de los pubs frecuentados por estudiantes, como The Bossom Pub (con música más comercial), o el célebre Piquero (que suele disponer de música rock de calidad en un ambiente excelente), que se encuentra prácticamente en frente del Duomo. Una vez cierren estos locales (a las 2, por imperativo legal), aún quedan un par de discotecas fuera de la muralla: Makkia, más pequeña y económica, y The Glamour Club, algo más cara.
Una ruta por Italia no debería olvidarse de esta bellísima ciudad. Si se decide visitarla, recomendamos encarecidamente subir la empinadísima Via Rafaello, girar a la izquierda al coronarla, y salir al precioso y muy visitado parque llamado Parco della Resistenza, aunque conocido por los urbinati como «Fortezza». Echarse allí a descansar un rato mientras se contempla la majestuosa estampa de Urbino en todo su esplendor es lo mejor que se puede hacer en este precioso rincón de Italia.
Tags: Ciudades, Cultura, Iglesias, Italia, Le Marche, Monumentos
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20 de Enero de 2009
A nadie se le escapa la atrayente influencia que en todo el mundo ejercen esas viejas y hermosas capitales centroeuropeas del estilo de Viena, Praga o Budapest; sus aún arrogantes y magníficos edificios, sus calles adoquinadas y ese estilo gris, elegante y señorial que mantiene intacto su viejo esplendor.
Si bien no tan monumental, la capital de Croacia merecería ingresar en ese selecto club. Zagreb también ha sabido modernizarse sin perder ese aire de antiguo esplendor centroeuropeo, en su caso elegantemente barnizado por las influencias italianas y su ambiente más mediterráneo.
El casco antiguo de la ciudad está realmente dividido en dos, la zona Alta -o Gornji grad- y la Baja -o Donji grad. La ciudad alta es el casco antiguo medieval, que alberga la Catedral y otros importantes monumentos, y en la Baja es donde se encuentran la mayoría de los bares, restaurantes y comercios destinados al turismo.
Zagreb alberga tres importantes museos: el «Mimara», que guarda obras de los más celebres artistas (Velázquez, Goya y Murillo incluidos), el «Arqueológico», y el de «Arte Contemporáneo». El cementerio de «Mirogoj» es otra de las visitas monumentales obligadas.
Con todo, lo más recomendable, y probablemente lo más memorable que podamos hacer en esta ciudad es recorrer sin prisas sus calles y plazas, detenernos en sus locales y dejarnos embriagar por su ambiente tan especial, mezcla de culturas y períodos, confluencia de la Europa continental y el mundo mediterráneo.
Fotografía por txd
Tags: Croacia, Cultura, Monumentos, Zagreb
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10 de Enero de 2009
Londres es la capital tanto de Inglaterra como del Reino Unido, sede del gobierno y del parlamento británico. Hablamos de una urbe de unos siete millones y medio de habitantes, que cuenta con un área metropolitana con cuyo concurso dobla esa población. Es, de largo, la mayor ciudad de las islas británicas, además de ser la más visitada y, qué duda cabe, uno de los centros urbanos más conocidos y admirados.
Pasa por ser además uno de los enclaves financieros más importantes del mundo, y a la vez es una de las ciudades de mayor actividad cultural. Cabe preguntarse entonces cómo se ha formado esta ciudad tan exitosa.

La historia primitiva de la ciudad se remonta a la época romana. Concretamente, en su segunda invasión (88 años después de la primera de Julio César), los romanos erigieron un puente sobre el río Támesis y construyeron en la orilla norte una serie de edificios administrativos sobre un viejo enclave céltico. Respetaron, como solían hacer, la raíz de su antigua denominación, y la llamaron Londinium.
Mucho después, tras la conquista normanda del año 1066, Londres se convirtió en capital y comenzó su verdadero crecimiento. Sin embargo, la base de lo que Londres es hoy se construyó después de 1666, fecha del «Gran Incendio» que destruyó todos los asentamientos que se extendían más allá de la vieja muralla.
Durante los siglos XVIII y XIX, al ritmo que Inglaterra dominaba el mundo, Londres es convirtió en la gran metrópoli, el centro mundial de la política y de las finanzas. Formó una próspera clase media y una burguesía mercantil que adornó con sus mansiones los aledaños del centro histórico. Atrajo asimismo a una multitud de desposeídos que se hacinaron al este la City, en busca de los empleos que el puerto proporcionaba. A comienzos del siglo XX vivían ya en Londres más de cuatro millones de almas.
Los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial devastaron muchas zonas y obligaron a la ciudad a una importante reconstrucción. Fue el último gran hito de una historia milenaria que ha configurado una urbe a la vez victoriana y proletaria, imperial, distinguida y cosmopolita. En Viajarea, al compás de nuestra visita por las tierras británicas, haremos un recorrido por los principales hitos de esta gran capital. Esperamos que ambas series os resulten útiles y complementarias.
Fotografía por francesco sgroi
Tags: Cultura, Grandes capitales, Inglaterra, Londres
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10 de Enero de 2009
Hoy en Viajarea iniciamos una serie de artículos que esperamos sea larga y prolífica. Elegimos un destino amplio como el Reino Unido y esperamos visitarlo bien. Empezamos con unas letras sobre el pueblo británico, nuestro anfitrión, para conocerlo mejor y situarlo debidamente.

Cuando pensamos en el pueblo inglés no es difícil caer en el tópico. Asociar a todo ciudadano británico con aquel caballero elegante con tocado de bombín, armado con paraguas negro y la edición matutina del Times, paseando su figura burguesa por la City. O bien dibujar en nuestra mente Hyde Park en una mañana apacible, visitado por deportistas afanosos, mientras en Buckingham unos guardias relevan a otros vestidos con antiguo e imperial esplendor. Pero eso sería simplificar y renunciar a comprender a toda esa curiosa galería de personajes.
Todos ellos son efecto de dos constantes seculares del pueblo británico: su profundo respeto por la libertad individual y la justicia, y su sentido religioso. Ambos vienen de lejos.
La Carta Magna -orgullo nacional de los británicos, por cierto- carecía de un estructura regular como la del derecho romano; era en realidad una simple compilación de casos sin orden alguno. Pero establecía dos principios: los ciudadanos tienen derecho a que se les haga justicia, y el rey está sometido a la ley. Con esa Carta nació la idea de que el Estado estaba supeditado al individuo, y no al revés.
Luego está la formación religiosa heredada del protestantismo. Éste permite al creyente interpretar la voluntad divina lo hace, en consecuencia, responsable de sus actos. Mientras la Common Law fomenta el individualismo, la reforma protestante insiste en la responsabilidad moral individual.
La combinación de aquel innovador -y luego exportado- sentido de la ley y la justicia con la aplicación de la moral luterana desembocaron no sólo en una fuerte cohesión nacional, sino en un sentido del deber y la responsabilidad poderosamente arraigado en los británicos. Aunque la actualidad globalizada y multicultural parezca a veces haberle puesto fecha de caducidad, todavía la vieja Gran Bretaña nos parece un mundo distinto, gobernado por reglas no escritas pero bien conocidas. Es eso lo que le ha dado ese aire distinguido y diferente, que a veces la hace parecer distante y antipática, pero que es la fuente de todo su atractivo.
En Viajarea esperamos que no pierda ni un ápice de esa distinción, y al mismo tiempo estamos deseando enseñárosla con más detalle. Empezaremos muy pronto.
Fotografía por ** Maurice **
Tags: Escocia, Gales, Inglaterra, Irlanda del Norte
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